Descanso para el alma

Alguna vez te has sentido exhausta? Me refiero a ese cansancio que no sólo es físico sino también emocional, mental y hasta espiritual que muchas veces nos hace intolerantes al más mínimo problemita nuevo que se aparezca y sentimos que a la menor provocación estamos al borde de las lágrimas.  Pues bien, así me he sentido durante la última semana.  No es depresión, sino un estado de total y absoluto agotamiento.

En este tiempo, y en medio de la fatiga también he sentido cómo Dios me ha hablado al respecto, guiándome para hacer mi carga un poco menos pesada cada día.  Mi oración siempre incluye pedirle a Dios nuevas fuerzas, recordando sus promesas en la Biblia:  Isaías 40:31 dice “pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” (LBLA) es mi versículo favorito para estar de pie, y mi oración siempre ha sido respondida, hasta ahora. Lo cual me hace pensar que Dios me está haciendo reflexionar sobre el tema “¿realmente espero en Èl?”, y es que, honestamente, creo que no lo he estado haciendo; ayer, por ejemplo, me sentía tan ofuscada que apenas y pude hacer una débil oración antes de caer rendida mientras hablaba.  La meditación sobre esto me llevó a estudiar Mateo 11:28-30, que dice: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y HALLAREIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.”

La Traducción en Lenguaje Actual dice (v. 28) “ustedes están siempre angustiados y preocupados.  Vengan a mí, y yo los haré descansar”.  Este primer versículo me habla de actitud.  ¿Con qué actitud he estado enfrentando la vida, las circunstancias y los quehaceres?  ¿Me preocupo? ¿Me angustio? Preocuparse es ocuparse de algo previamente a que esto suceda.  Sí, me preocupo.  Sí, también me angustio porque a veces pareciera que aunque Dios ha prometido algo, lo que está pasando no corresponde a sus promesas.  Esto responde a su pregunta: realmente no estoy esperando en Él; Dios me está invitando a dar el primer paso para salir de este estado y venir a Èl y dejar en su presencia todas mis angustias y preocupaciones; y, con fe, esperar en Él.

La  Nueva Versión Internacional dice en el versículo 29  “Cargad con mi yugo y aprended de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestra alma.”  La palabra que usa esta versión para traducir manso es apacible y la que utiliza la Traducción en Lenguaje Actual es paciente.  Jesús nos está invitando a aprender de su conducta y de su carácter.  Una persona apacible es alguien que por lo general se muestra tranquilo, de buen humor, pacífico y agradable.   Una persona paciente es aquella que tiene la capacidad de soportar o padecer algo, hacer cosas minuciosas y saber esperar.  Muchas veces queremos que las cosas sucedan ya, tenemos prisa al ir por la vida y estamos acostumbrados al efecto microondas.  Esta característica es opuesta a lo que Dios nos manda a aprender, es por eso que no podemos entrar en su descanso, queremos que todo ocurra a nuestro tiempo. Debemos aprender que los tiempos de Dios son perfectos, los nuestros no.  Este verso también nos habla de humildad de corazón, la necesitamos para poder someter nuestra voluntad a la voluntad de Dios.  Estas tres características (apacibilidad, paciencia, humildad) son rasgos que nos permitirán darle el tiempo y el control a Dios para formar en nosotras su carácter.

El último versículo habla de llevar el yugo de Dios.  Muchas veces escabullimos de hablar de este tema, pero es importante.  El yugo es un instrumento que se usa para unir a dos bueyes y formar una yunta, también permite direccionar esta yunta, ya que a él se sujeta un aparato que podría bien ser un timón.  O sea que Dios nos está pidiendo que vivamos nuestras vidas bajo su total y completa dirección.

En conclusión, Dios desea darle descanso a nuestra alma.  Para esto, nos invita a venir a él, es decir a dedicar tiempo para estar en su presencia;  a que le rindamos nuestras preocupaciones y angustias, que se traduce en confiar plenamente en Èl; a que aprendamos de él paciencia, apacibilidad y humildad, las cuales son necesarias para que le permitamos guiar nuestra vida hacia el propósito que Él diseñó para nosotras.   Te invito a entrar en el reposo del Señor.  Bendiciones!

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