Expectativas inalcanzables

Suelo ser una mujer con expectativas muy altas respecto de mi misma y de los demás.  Nunca había analizado si esto es positivo o negativo hasta ahora.  Hace unos días, mientras oraba, me di cuenta que me estaba lastimando a mi misma, porque si bien mis expectativas son en cierto modo sanas, normales y bien intencionadas, mi manera de auto evaluarme y de conciliar expectativas versus realidad es totalmente sesgada.  Lo mismo me sucede respecto de los demás.

Personalmente creo que tener expectativas respecto de uno mismo es algo sano, Romanos 12:3 dice:  “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” (énfasis añadido).  De manera que, entiendo que mi fe me permite pensar que puedo lograr cosas grandes en Dios e influenciar positivamente mi entorno, empezando por mi familia.

Entonces, ¿Qué sucede cuando me paso el auto examen y parece que muchas veces pierdo la materia?  La respuesta a esta pregunta me conduce hacia un par de aspectos en los que se reflejan heridas que aún no han sido sanadas:

  1. Mi propia definición de perfeccionismo sería “pretender alcanzar altos estándares de desempeño en cualquier área, olvidándose de la gracia de Dios.”  Es decir que en todo lo que hagamos debemos de diligentes (Proverbios 10:4, 12:24) y hacer las cosas como para Dios (Colosenses 3:23), pero sin olvidar que somos humanos y que nuestra naturaleza es imperfecta.  Una persona perfeccionista tiende a sufrir cada vez que comete errores y a culpabilizarse por lo ocurrido, es una carga muy grande para cualquiera y honestamente prefiero dejarla a los pies de Jesús y aceptar su preciosa gracia que me invita a caminar por la vida amándole y viviendo en libertad.
  2. Interiorizacion de un padre/madre crítico. La corriente psicológica llamada Análisis Transaccional, cuyo autor parte de la teoría de que los seres humanos nos adaptamos a las diferentes situaciones conduciéndonos desde cualquiera de los tres estados del yo: yo padre, yo Niño, yo adulto.  El Yo padre es un estado desde el cual se actúa y piensa de acuerdo con los patrones aprendidos de nuestros padres u otra figura de autoridad, en este estado se  encuentran las reglas morales, principios, normas y demás asuntos relacionados con cómo debemos pensar y conducirnos.  Este estado del yo puede ser Crítico o Nutritivo.  De manera que en mi caso y en el de la mayoría de personas perfeccionistas, se ha interiorizado un padre Crítico, el cual es, recto, poco flexible, autoritario, enfadado, serio, juzgador y culpabilizador y punitivo.  Todo esto deriva de que probablemente nuestra figura paterna más cercana (padre, madre o cuidador) fue demasiado rígida y la imagen que tenemos de ella, nos bloquea el encuentro con el Padre Celestial.  Necesitamos cambiar la imagen paternal que tengamos y reemplazarla por la perfección de paternidad que solamente podemos encontrar en Dios.
  3. Falta de fe. Considero tener la suficiente fe para creer que debo ser una mujer de influencia, pero me hace falta un poco más para creer que puedo ser esa mujer que Dios me creó para ser.  Él ha plantado semillas de grandeza en el corazón de cada uno y no solo eso sino que ha dejado  a nuestra disposición una amplia gama de recursos que podemos utilizar para alcanzar nuestro llamado.  Uno de estos recursos es nuestra fe.  Recuerdo que participé en varias ocasiones en una actividad de voluntariado llamada Feria de los Sueños, en la que solíamos atraer a cientos de niños de comunidades en extrema pobreza para invitarlos a soñar más allá de lo que ellos creían posible.  Se solía seleccionar a algunos niños para capacitarles e incentivarles para que el nuevo sueño que había surgido en sus corazoncitos pudiera cobrar forma algún día.  Pienso en Dios tomándonos de la mano e invitándonos a soñar su sueño, exponiéndonos a distintas situaciones para empoderarnos y animarnos a vivir ese sueño tomadas de su mano.

De manera que, si sientes que de alguna forma no logras alcanzar tus propias expectativas respecto de ti misma, te invito a revisar, a la luz de la Palabra, si lo que está distorsionado pueda ser la forma en que te evalúas a ti misma.

Bendiciones!

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