Entendiendo la herida: El Rechazo

Recientemente he observado que muchas personas vamos por la vida con situaciones que hemos llegado a considerar normales, pero que pueden ser consecuencia de una herida profunda en el corazón que en ocasiones puede ser imperceptible, esa herida se llama rechazo.

Como seres humanos, somos seres relacionales, es decir que construimos nuestro  paso a través de la vida a partir de relaciones.  En este sentido, las relaciones se convierten en una necesidad inherente a nuestra naturaleza y, en la medida en que crecemos, desarrollamos la necesidad de obtener una respuesta positiva por parte de las personas que son significativas para nosotros (padres y otros adultos con los que generamos lazos especiales, duraderos y no intercambiables).   Desde la teoría del Análisis Transaccional, esa respuesta positiva recibe el nombre de  “caricias”.

El rechazo podría causar en nosotros un hambre de caricias, lo cual es terriblemente mortal para el alma del ser humano.  Es por esta razón que el rechazo es considerado uno de los mayores dolores emocionales que puede padecer una persona.

Muchas veces no somos conscientes de tener esta herida en nuestra alma, debido a que pudimos haberla sufrido desde el período gestacional o durante la infancia temprana (los primeros 5 años de vida), períodos durante los cuales somos especialmente vulnerables y durante los cuales nuestra memoria consciente no es capaz de recordar las situaciones que atravesamos.  Sin embargo, a pesar de que generalmente no somos conscientes de lo que vivimos durante esta época, todo lo que nos sucede puede ser utilizado para más o menos predecir los patrones de conducta que tendremos en la adultez y el tipo de personalidad que desarrollaremos.

Desde esta perspectiva, la  Teoría de la Aceptación- Rechazo Interpersonal (IPARTheory) ha realizado una extensa investigación transcultural a lo largo de medio siglo a través de la cual se ha mostrado que el rechazo parental puede ser experimentado por la combinación de cuatro expresiones principales: (1) frialdad y/o desafecto, (2) hostilidad y agresividad, (3) indiferencia y negligencia, y (4) rechazo indiferenciado (creencia de no ser querido por tus padres a pesar de no tener indicadores conductuales que reflejen que son negligentes, distantes, hostiles, poco afectuosos o agresivos), y ha intentado predecir y explicar las principales consecuencias que la percepción de la aceptación o rechazo parental tienen sobre el desarrollo psicológico y la personalidad de los individuos. (1)

Hablando particularmente del tema del rechazo, ha resultado evidente que  los efectos del rechazo parental percibido durante la infancia, trascienden hasta la adultez y la vejez.  Las personas que se han percibido rechazadas durante este periodo tienden a desarrollar conductas que varían de un individuo a otro y que pueden causar un dolor emocional muy intenso.  Algunas de estas conductas son:

  1. Hostilidad, agresión, resentimiento e ira. Cuando desarrollamos alguna de estas conductas, tenemos un bajo nivel de tolerancia a la frustración y bajo manejo de situaciones de estrés, lo cual causa que generemos respuestas inadecuadas ante estas situaciones, derivando en inestabilidad
  2. Falta de respuesta emocional. Esto significa que podemos volvernos personas que evitan el contacto emocional, o las relaciones íntimas, podemos volvernos incapaces de generar amistades profundas o de mantenerlas, debido a que evitamos dar o recibir afecto.
  3. Baja autoestima y autoeficacia. Nos percibimos como creemos que nos perciben las personas que nos rechazaron, incapaces o inmerecedores de recibir afecto y esto se convierte en un paradigma que rige duramente nuestra vida.
  4. Percepción negativa del mundo. Esto significa que existe en nosotras la tendencia a desarrollar una visión del mundo, de la vida, de las relaciones interpersonales y de la existencia humana caracterizadas por la desconfianza, la hostilidad, la inseguridad, la amenaza y el peligro. Tendemos a pensar y a esperar lo peor de las personas.
  5. Dependencia inmadura. Es un reclamo excesivo de aceptación,  una disposición interna de búsqueda o anhelo de apoyo emocional, cuidado, satisfacción o atención por parte de las figuras de apego.  Como hemos dicho que somos seres relacionales, es normal que tengamos esa tendencia a buscar apoyo emocional, cuidado, amor, caricias, etc.  Pero cuando esta dependencia es excesiva, es dañina.

Me encontré a mí misma haciendo este análisis de los efectos del rechazo ya que he tratado de entender el porqué de algunas conductas propias.  Es un poco agonizante darme cuenta que tuve que afrontar situaciones en las que me percibí rechazada en algún momento en mi infancia en el que no tenía las herramientas psicológicas para enfrentarlo adecuadamente.  Pero, he llegado a entender que la comprensión de la raíz de un problema puede guiarme hacia la sanidad.   Es por eso que te invito a no perderte las siguientes publicaciones en las cuales estaremos hablando respecto de este tema y también con relación al camino de la sanidad.

Bendiciones!

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1. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1578-908X2014000200001

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