El temor, un fangoso enemigo

En estos últimos días me he descubierto a mí misma postergando algunas cosas que no me resultan familiares.  Sabía que debía actuar pero a la vez algo me detenía.  Ese “algo” era el temor.  Pienso en el temor como un enemigo fangoso porque si se le abre la puerta, cuando vienes a darte cuenta te ha invadido toda la mente llenándola de temores respecto de tu futuro, de la salud de tus hijos, del trabajo de tu esposo, de las finanzas familiares, de la opinión de las personas, etc. y en la medida que tratas de soltarte de sus sucias garras, te encuentras más salpicada y atrapada por él.   Es un enemigo peligroso.

El temor es una emoción y como tal, no es ni buena ni mala.  Su función principal es preparar al cuerpo para enfrentar situaciones peligrosas y responder ante éstas de dos formas principales:  atacando o huyendo. Por ejemplo, si nos encontramos ante un asaltante, podríamos dar una respuesta adecuada ya que el temor activó las alarmas necesarias para generar en nuestro cuerpo una reacción de sobrevivencia ante la situación peligrosa.  El punto en el que el temor se convierte en un enemigo es cuando esas situaciones amenazantes son en realidad construcciones de nuestra mente, cuando el peligro no es real.  Podemos, por ejemplo, sentir temor a lo desconocido, a la falta de recursos económicos, al fracaso o al qué dirán. Y la verdad es que un alto porcentaje de las cosas que tememos que podrían sucedernos, en realidad no suceden.

Decíamos que el cuerpo genera dos posibles respuestas: Huida y ataque.  Huimos cuando postergamos o simplemente no hacemos .  Postergamos hablarle a ese jefe gruñón, ese emprendimiento que anhelamos, no pedimos consejería para nuestro matrimonio aunque se esté yendo por el caño, etc.. Atacamos cuando decimos palabras hirientes, usamos el sarcasmo, estamos siempre de mal humor, somos altivas, prepotentes, altaneras, nos aislamos;  pero sólo nosotras sabemos que por dentro somos una mujer herida que tiene miedo a que la vuelvan a lastimar.  Y… nos seguimos lastimando.  El problema de procrastinar, de no hacer o de aislarnos ya es bastante grande en sí, pero trae otros problemas consigo:  nos enferma, nos estresa, nos causa noches enteras de llanto y frustración, nos continúa lastimando, hace más profundas nuestras heridas y reafirma las mentiras que hemos creído acerca de nosotras mismas y que no tienen absolutamente nada que ver con nuestro diseño.  Dios nos da aliento a través de su palabra y nos invita a confiar en él y recibir su poder y su amor para no ser vencidas por el temor (Salmos 53:6, 2º Timoteo 1:7, 1º Juan 4:18, Isaías 35:4)

Podemos encontrar una respuesta al analizar Isaías 41:10 “No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa.” (NTV)

No tengas miedo porque YO estoy contigo.  Qué importante saber que Dios está con nosotras!  Él es YO SOY, el Dios todopoderoso, el que liberó a Israel de Egipto, el creador de todas las cosas, el que te formó y te puso nombre, el que dice: Cualquier cosa que necesites, YO SOY.

No te desalientes porque yo soy tu Dios.  El desalentarse es llevar al miedo a un nivel más profundo, se refiere a perder la esperanza. Cuando damos lugar a un pensamiento negativo y meditamos en él, va cobrando fuerza en nuestra mente y se va haciendo aún más fuerte, llenándonos de duda y temor.  Pero el hecho de que Dios sea nuestro Dios significa que el gobierna en nuestras vidas y no ninguna circunstancia o temor.

Te daré fuerzas.  Puedes ser muy muy débil, pero en Dios eres fuerte.  Nuestras emociones nos hablan en ocasiones incluso más fuerte que  la voz de Dios, pero debemos continuar obedeciéndole a Él y no a nuestras emociones.

Te ayudaré. Dios siempre está presente, aún en nuestras debilidades; esa es una razón suficiente para no temer.  Dios está en control para sostenerme y ayudarme en cualquier situación de acuerdo a su voluntad.

Te sostendré con mi mano derecha victoriosa.  Estando sostenidas de la mano de Dios vamos a ser siempre victoriosas porque Él es el Dios que nunca ha perdido una batalla.  Mantenerse tranquila y estar quieta para poder ver a Dios obrar se logra solamente cuando tu enfoque está puesto en quién El es y no en ti.  Recuerda que su voluntad para ti es buena, perfecta y agradable y que en su mano encuentras seguridad, protección, abrigo y estabilidad.

Así que puedes descansar en la palabra de Dios y en su fidelidad.

Agradezco especialmente a hermana Donna Snow ya que con sus enseñanzas aportó significativamente a la realización de este post.

#temor #sanidad #transformacion #perfectoamor #plenitud #emociones #victoria

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