¿Necesitas un cambio de circunstancias?

Quiero empezar recordándote que no hay nadie más interesado en tu bienestar y desarrollo como Dios.  Lo digo porque su palabra lo dice con tantas promesas, pero voy a nombrar dos ejemplos:  “yo sé los planes que tengo para nosotros – declara el Señor – planes de bienestar y no de calamidad, para darnos un futuro y una esperanza” Jeremías 29:11 LBLA; “no se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente, así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” Romanos 12:2 NVI

Pero te preguntarás, si la voluntad de Dios es buena para mi y sus planes siempre son de bienestar, ¿por qué siento muchas veces que estoy atrapada en un terrible círculo de circunstancias difíciles que no me dejan avanzar?

He observado que generalmente tendemos a creer que cuando las cosas no van bien, son las circunstancias las que deben cambiar.  En la mayoría de los casos, esto no es así; quien debe de cambiar soy yo, eres tú.   Recuerdo que hace más o menos dos años, oraba fervientemente pidiéndole a Dios que mi esposo dejara de viajar por cuestiones de trabajo.  El motivo era que a mi me daba mucho miedo quedarme sola en casa y pensaba que si él se quedaba, yo me sentiría segura.  La respuesta llegó pronto, a él le notificaron que ¡estaría viajando más frecuentemente que de costumbre! ¿Qué? Más tarde entendí que Dios estaba interesado en cambiarme a mí, Él quería que yo aprendiera a refugiarme en Él y a buscar mi seguridad en Él y no en mi esposo.

Todo aquello que parece negativo se llama proceso. Los procesos son parte de la vida, son tan necesarios como la escuela lo es para un niño.  En los procesos, nuestra mente es renovada y transformada, nuestros paradigmas se rompen y nuestra visión se ensancha.  Son los procesos los que nos permiten crecer, madurar, ser mejores, acercarnos poco a poco a ese plan para el que fuimos creadas.

Veamos el caso de José.  A sus escasos 17 años, José recibe de parte de Dios la visión de su propósito, el de ser un líder tal que hasta sus padres y sus hermanos se inclinarían ante él.  Siendo un muchacho tan joven e inmaduro, odiado por sus hermanos, al ver la posibilidad de alcanzar una posición tan alta, se volvió orgulloso y trataba de mandar a sus hermanos aunque su tiempo para el cumplimiento no había llegado aún.  De manera que, se tuvo que enfrentar a un proceso.  Fue vendido como esclavo.  Su condición de esclavo no cambió cuando estaba en la casa de Potifar a cargo de todas las posesiones de éste; tampoco cambió cuando estaba en la cárcel a cargo del servicio de todos los presos.  ¿Por qué no cambiaba esta situación?  Porque su corazón estaba aprendiendo la humildad que necesitaba, también en este proceso aprendió habilidades de administración, mayordomía, servicio, trabajo diligente, etc. que eran necesarias para cumplir con su llamado.

Ahora bien, en medio de la dureza del proceso, podemos observar que la actitud del corazón de José agradaba a Dios; y aunque parecía que no avanzaba, cada día su carácter iba siendo moldeado hasta que llegó a ser el segundo a cargo de todo Egipto.

Entonces, ¿cuáles son las actitudes de José que puedo replicar en mi vida mientras atravieso mi proceso actual?

  • Diligencia: en Génesis 39:4 dice que “José se ganó la confianza de Potifar, y este le nombró mayordomo de toda su casa y le confió la administración de todos sus bienes”. También en la cárcel supo con buen trabajo, diligencia y el favor de Dios ganarse la confianza del carcelero.  La diligencia consiste en una actitud de interés, esmero, rapidez y eficacia en lo que hacemos, sin quejas ni actitudes negativas.
  • Fidelidad a Dios: el ejemplo más claro de fidelidad que aparece en la historia es cuando José huye de la esposa de Potifar, indicando que no podía pecar de esa manera contra Dios. Si bien José pudo haber tomado una actitud de reprocharle a Dios lo que estaba viviendo, decidió en cambio seguir viviendo de una manera que le honrara, a pesar de las circunstancias.
  • Confianza: En ningún momento de la historia se narra que José se haya quejado de sus circunstancias, sino nos da a entender con sus actitudes que José esperaba el cumplimiento de las promesas de Dios para Él, José tenía claro que Dios no miente.

El proceso fue bastante largo, duró 13 años.  Quizás había algunas lecciones que José pasaba por alto y era necesario repetir.  Pienso que a veces es bueno preguntarle a Dios, ¿qué es lo que quieres que aprenda?.   Él suele responder clara y directamente.  Podrías intentarlo, ya que podría haber alguna lección que Dios esté tratando de enseñarte y que no estás notando.

Al final, todo valió la pena para José y estoy segura que cualquier cosa que estés atravesando en este momento valdrá la pena para ti.  Sólo toma la actitud correcta y adora a Dios a través de tus circunstancias.  Al final podrás decir como José:  “Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo…” y “Dios me ha hecho fructífero en la tierra de mi aflicción.”  Tu proceso te está preparando para dar mucho fruto, sigue adelante, sin desmayar.  Bendiciones!!

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