Los engaños del temor

Me encuentro en recuperación después de mi segundo parto por cesárea y he tenido tiempo para reflexionar sobre las cosas que fueron diferentes la primera vez, cuando parecía que nada estaba saliendo como lo había planeado y ahora. He llegado a la conclusión de que el temor me hizo una mala jugada en la primera ocasión.

Mi expectativa, que incluso era la única alternativa para mi, era que mi parto fuera natural; así que cuando el médico me explicó las razones por las que debía optar por una cirugía ese mismo día, el miedo me cegó por completo. Recuerdo que lloraba como una niña asustada, pero decidí enfrentar la operación por el bienestar de mi bebé. Luego, en la recuperación tenía miedo de hablar, de caminar, de fajarme, de todo; y eso hizo que el proceso fuera muy doloroso; más de lo que está siendo ahora.

En esta segunda ocasión, no voy a negar que tuve miedo, pero antes de ser internada hice una oración muy sincera y le pedí perdón a Dios por mi actitud pusilánime y temerosa y le pedí que me llenara de su amor y valentía y Èl ha sido fiel en responderme.

El temor es una emoción básica; y como tal, es un regalo de Dios para nuestras vidas, pues nos permite experimentar la vida con diferentes tintes y sazones. Ahora bien, nuestro deber como individuos es gestionar adecuadamente nuestras emociones y no permitir que ninguna de ellas gobierne nuestra vida, sino someterlas al señorío de Jesucristo.

Cuando permitimos que una emoción gobierne nuestra vida es como si anduviéramos por la vida usando siempre las mismas gafas, dándole a todo un significado o un sentido diferente del que realmente tiene. Por ejemplo, si permitimos que el temor nos gobierne, veremos situaciones peligrosas en todos lados a nuestro alrededor y vivimos tratando de evitar peligros, aunque estos sean meramente una creación de nuestra imaginación; ver la vida usando las gafas del temor nos hace olvidar que hay Alguien en control de nuestras vidas que nos ha prometido que “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” (Salmos 91:4)

De a manera que este día quiero invitarte a que esperes en Dios y que confíes en El con todas tus fuerzas. Su amor echará fuera todo temor. Toda la confusión que pueda haberte causado el temor se disipará y podrás ver con ojos de fe el futuro que Dios tiene preparado para ti.

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