Quédate quieta


Puedo imaginar la congoja en el corazón del pueblo; tenían el mar por delante y al alzar sus ojos descubrieron un poderoso ejército que se avalanzaba sobre ellos. El temor de la muerte se cirnió sobre ellos; deseaban regresar, era evidente que estaban acorralados. Puedo imaginar gritos de desesperación, angustia en el corazón de las madres por la vida de sus hijos, frustración por haber llegado tan cerca de la libertad y ahora creían que habia llegado su fin. Un mar impenetrable les negaba el paso y un enemigo implacable les despojaría de sus vidas. El cúmulo de emociones y su mentalidad de esclavos les impedía ver la mismísima presencia de Dios que iba delante de ellos en forma de nube y fuego. “—No tengan miedo —les respondió Moisés—. Mantengan sus posiciones, que hoy mismo serán testigos de la salvación que el Señor realizará en favor de ustedes. A esos egipcios que hoy ven, ¡jamás volverán a verlos!” Éxodo 14:13 NVI

¿Cómo podían mantenerse firmes? En la noche, la columna de fuego se interponía entre ellos y sus enemigos, y sólo podían escuchar los gritos de guerra, el bramido de caballos, las ruedas de carros de guerra que rugían por detrás de ellos. En el frente, ese viento espantoso que nunca antes habían presenciado y que hacía que ese mar bramara, como queriéndo tragárselos. Pero debían estar quietos si querían ver la salvación que el Señor estaba obrando…

En otro momento, Josafat y el pueblo de Judá clamaban y ayunaban delante de Jehová, llenos de temor, conscientes de que con sus fuerzas no podrían hacer frente a los enemigos que se habían levantado contra ellos. Dios les responde: “¡Rey Josafat, y todos los que viven en Judá y en Jerusalén, escuchen bien esto! Dios dice que él peleará contra ese ejército tan numeroso, así que no se alarmen ni tengan miedo. El día de mañana, ellos subirán por la cuesta de Sis; ustedes salgan a encontrarlos donde termina el río que está frente al desierto de Jeruel. Pero no los ataquen; más bien quédense quietos allí, y sean testigos de cómo Dios peleará contra ellos». 2 Crónicas 20:15‭-‬17 TLA

Ellos marcharon en obediencia, pero no sólo eso, decidieron alabar a Dios en el camino. Y el relato nos cuenta que “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.” 2 Crónicas 20:22 RVR1960. Literalmente, no tuvieron que enfrentar cuerpo a cuerpo a sus enemigos, habían peleado su batalla con alabanza y estaban listos para recoger un gran botín.

Honestamente, hay momentos en los que me siento como Israel entre el mar y los egipcios y no encuento hacia dónde correr, también he tenido miedo porque no veo la salida a las situaciones difíciles que a veces debo enfrentar. Pero estos dos relatos me dejan en claro algunas cosas:

1. La mejor salida de cualquier circunstancia no es corriendo hacia ninguna dirección, sino mirando hacia arriba y esperar que mi salvación venga de mi Dios.

2. Que aún cuando mi corazón tiemble de miedo, debo hacer callar mis emociones y esperar en Dios.

3. Que aún cuando no pueda ver o no entienda lo que Dios está haciendo, puedo estar segura de que él está obrando a mi favor y me sacará adelante, victoriosa.

4. Que mi alabanza, aún en medio de la angustia, testificará de mi confianza en mi Padre y en su obra en mi vida.

¿Quieres conocer el poder de Dios? Quédate quieta.. “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.” Salmos 46:10 RVR1960

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